
¿Quién no ha deseado en algún momento ser niño otra vez? Pues es posible, solo hay que entrar en el mundo de Hayao Miyazaki y dejarse llevar por su magia. El maestro de la animación japonesa, responsable del mítico Studio Ghibli, dirigió hace ya dos décadas esta maravilla que nada tiene que envidiar a cualquiera de sus otras obras maestras como "El viaje de Chihiro" o "La Princesa Mononoke".
Trata sobre un hombre que se traslada junto a sus dos hijas a una casa rural, pues su esposa se encuentra ingresada en un sanatorio cercano aquejada de una tuberculosis (enfermedad que curiosamente padeció la madre de Miyazaki). Allí las niñas descubren que el bosque está habitado por seres mágicos, entre ellos tres espíritus -los Totoro- que habitan en un gigantesco árbol.
La película es sencilla, pero te atrapa irremediablemente desde el primer momento. Te introduce en su particular mundo, real e irreal al mismo tiempo, te empapas de su magia, te encuentras con personajes tan memorables como el gatobús o el propio Totoro -que es el emblema del Studio Ghibli- y claro, ¿quién querría escapar de un mundo así? Una animación cuidada, de extraordinaria belleza visual, una magnífica banda sonora, obra de Joe Hisaishi (sobran presentaciones, ya hablé de él anteriormente) y toda la fantasía y sensibilidad del genio de Miyazaki.
Absolutamente adecuada para todos los públicos y todas las edades. Yo también quiero tener un Totoro como vecino.
Trata sobre un hombre que se traslada junto a sus dos hijas a una casa rural, pues su esposa se encuentra ingresada en un sanatorio cercano aquejada de una tuberculosis (enfermedad que curiosamente padeció la madre de Miyazaki). Allí las niñas descubren que el bosque está habitado por seres mágicos, entre ellos tres espíritus -los Totoro- que habitan en un gigantesco árbol.
La película es sencilla, pero te atrapa irremediablemente desde el primer momento. Te introduce en su particular mundo, real e irreal al mismo tiempo, te empapas de su magia, te encuentras con personajes tan memorables como el gatobús o el propio Totoro -que es el emblema del Studio Ghibli- y claro, ¿quién querría escapar de un mundo así? Una animación cuidada, de extraordinaria belleza visual, una magnífica banda sonora, obra de Joe Hisaishi (sobran presentaciones, ya hablé de él anteriormente) y toda la fantasía y sensibilidad del genio de Miyazaki.
Absolutamente adecuada para todos los públicos y todas las edades. Yo también quiero tener un Totoro como vecino.

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