
El auge del cine coreano se debe no solo a producciones de gran éxito en taquilla dentro y fuera de sus fronteras, sino también al trabajo de un grupo de directores que llevan varios años haciendo películas con menores presupuestos y limitada aceptación entre el público, pero muy personales y con enorme éxito a nivel de crítica y festivales. Entre ellos destaca Kim ki-duk, que acaba de estrenar su decimoquinta película como director, "Dream".
Desde su primera película en 1996, ha marcado un estilo propio e inconfundible, que alcanzó su punto álgido con maravillas como "Primavera, verano, otoño, invierno... y primavera", "La isla", "Hierro 3" -mi favorita- o "El arco". Un cine que, como a menudo pasa con estos directores, suele tener tantos entusiastas como detractores, pero que no deja indiferente absolutamente a nadie, siempre despierta sentimientos profundos.
En esta su última cinta, encontramos dos personajes, él abandonado por su novia a la que no puede olvidar, ella ha dejado un novio al que detesta, que se encuentran extrañamente conectados a través de los sueños. Aquello que él sueña, ella lo interpreta como sonámbula. Así se conocen y así se verán obligados a compartir unas vidas sobre las que han perdido el control.
Desde el principio ya encontramos los rasgos más característicos de todo el cine de KKD, un realismo extraño, subrealista, una realidad que marca a los protagonistas y que aquí encierra elementos casi sobrenaturales, como ocurría en "El arco". Y toda la acción se centra en estos personajes, cuya relación marca el devenir de la película, sin distraerse con personajes secundarios o historias paralelas. Todo el cine de KKD se basa en la fuerza de sus personajes, extraños, bizarros o sencillamente superados por las circunstancias.
En el fondo todo lo que sucede en la película -y creo que en toda la obra del director coreano- no es más que un discurso sobre el amor, visto desde un peculiar punto de vista, porque se trata de un amor complejo, forzado, que sus personajes no son capaces de asumir o de entender, pero que marca completamente su destino.
Otra obra sensacional de Kim Ki-duk, llena de magia, de sentimientos encontrados, de las que te arrastra a un mundo diferente, donde las cosas más extrañas cobran un sentido de normalidad, de las que te hacen ver las cosas como nunca las hubiera imaginado. ¿O acaso no pueden dos personas conectarse a través de los sueños?
Desde su primera película en 1996, ha marcado un estilo propio e inconfundible, que alcanzó su punto álgido con maravillas como "Primavera, verano, otoño, invierno... y primavera", "La isla", "Hierro 3" -mi favorita- o "El arco". Un cine que, como a menudo pasa con estos directores, suele tener tantos entusiastas como detractores, pero que no deja indiferente absolutamente a nadie, siempre despierta sentimientos profundos.
En esta su última cinta, encontramos dos personajes, él abandonado por su novia a la que no puede olvidar, ella ha dejado un novio al que detesta, que se encuentran extrañamente conectados a través de los sueños. Aquello que él sueña, ella lo interpreta como sonámbula. Así se conocen y así se verán obligados a compartir unas vidas sobre las que han perdido el control.
Desde el principio ya encontramos los rasgos más característicos de todo el cine de KKD, un realismo extraño, subrealista, una realidad que marca a los protagonistas y que aquí encierra elementos casi sobrenaturales, como ocurría en "El arco". Y toda la acción se centra en estos personajes, cuya relación marca el devenir de la película, sin distraerse con personajes secundarios o historias paralelas. Todo el cine de KKD se basa en la fuerza de sus personajes, extraños, bizarros o sencillamente superados por las circunstancias.
En el fondo todo lo que sucede en la película -y creo que en toda la obra del director coreano- no es más que un discurso sobre el amor, visto desde un peculiar punto de vista, porque se trata de un amor complejo, forzado, que sus personajes no son capaces de asumir o de entender, pero que marca completamente su destino.
Otra obra sensacional de Kim Ki-duk, llena de magia, de sentimientos encontrados, de las que te arrastra a un mundo diferente, donde las cosas más extrañas cobran un sentido de normalidad, de las que te hacen ver las cosas como nunca las hubiera imaginado. ¿O acaso no pueden dos personas conectarse a través de los sueños?

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