
A pesar de ser una película relativamente desconocida entre el gran público, nos encontramos ante una verdadera obra maestra, sin duda una de las mejores películas rodadas en los últimos tiempos. Una vez más, el prestigioso director Zhang Yimou nos da muestras de su exquisita sensibilidad, recibiendo elogios y premios en multitud de festivales internacionales, entre ellos algunos tan importantes como Berlín o Sundance.
La cinta nos revela alternativamente dos historias. Un empresario regresa a su pueblo natal por la muerte de su padre, el maestro de la escuela, para ocuparse de los funerales, pero su anciana madre no permite que esto se lleve sin respetar estrictamente los ritos tradicionales. Paralelamente -aunque en realidad es ésta el centro de la película-, se relata la historia del amor entre los padres del empresario.
Por primera vez, Yimou prescindía de su musa Gong Li ("Sorgo rojo", "La linterna roja", "Semilla de crisantemo", "La maldición de la flor dorada"...), para dar la alternativa a una jovencísima Zhang Ziyi ("Tigre y dragón", "Hero", "2046", "Memorias de una geisha"...), que debutaba en el cine. No erró en su elección el director con la ya estrella internacional, quien está sencillamente inmejorable en su papel, repleto de naturalidad, inocencia y encanto.
Perfecto montaje, alternando las dos historias -en realidad, dos momentos de la misma historia- de forma fluída y sin generar ninguna confusión, con un inteligente empleo del color y el blanco y negro. La fotografía, como en todo el cine de Yimou, perfecta, luminosa y llena de vida. La narración va así avanzando con naturalidad y sencillez, de forma tranquila pero nunca lenta, sin decaer en absolutamente ningún momento, y envolviendo al espectador en un aura de delicadeza, sensibilidad y emotividad, resultando extremadamente intensa y conmovedora pero sin caer en excesos de ningún tipo.
Impagable la sensación que deja esta película, pura poesía fílmica. Cuánto buen cine se puede hacer con muy poco.
La cinta nos revela alternativamente dos historias. Un empresario regresa a su pueblo natal por la muerte de su padre, el maestro de la escuela, para ocuparse de los funerales, pero su anciana madre no permite que esto se lleve sin respetar estrictamente los ritos tradicionales. Paralelamente -aunque en realidad es ésta el centro de la película-, se relata la historia del amor entre los padres del empresario.
Por primera vez, Yimou prescindía de su musa Gong Li ("Sorgo rojo", "La linterna roja", "Semilla de crisantemo", "La maldición de la flor dorada"...), para dar la alternativa a una jovencísima Zhang Ziyi ("Tigre y dragón", "Hero", "2046", "Memorias de una geisha"...), que debutaba en el cine. No erró en su elección el director con la ya estrella internacional, quien está sencillamente inmejorable en su papel, repleto de naturalidad, inocencia y encanto.
Perfecto montaje, alternando las dos historias -en realidad, dos momentos de la misma historia- de forma fluída y sin generar ninguna confusión, con un inteligente empleo del color y el blanco y negro. La fotografía, como en todo el cine de Yimou, perfecta, luminosa y llena de vida. La narración va así avanzando con naturalidad y sencillez, de forma tranquila pero nunca lenta, sin decaer en absolutamente ningún momento, y envolviendo al espectador en un aura de delicadeza, sensibilidad y emotividad, resultando extremadamente intensa y conmovedora pero sin caer en excesos de ningún tipo.
Impagable la sensación que deja esta película, pura poesía fílmica. Cuánto buen cine se puede hacer con muy poco.

0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada