
No me voy a andar con rodeos: estamos ante, probablemente, una de las mejores películas de todos los tiempos y, en mi opinión, la obra maestra absoluta de Wong Kar Wai, para mí superando a otras cintas fascinantes de este autor como "Fallen angels", "Days of being wild", "Chungking express", "My blueberry nights" o la propia "2046" -que viene a ser una especie de continuación de esta-.
Los protagonistas, un periodista y la secretaria de una empresa de exportaciones, se mudan a un edificio de Hong Kong junto a sus respectivos cónyuges. Allí se conocen y, como sus respectivas parejas pasan mucho tiempo fuera, se hacen amigos y van compartiendo cada vez más tiempo juntos.
Alguien definió esta película como "la historia de amor más triste del mundo", pero lo que WKW nos muestra es una historia tanto de amor como de desamor, y lo hace con sensibilidad, exquisitez, inteligencia y sobre todo gran belleza, que hacen esta película única y maravillosa. Maravillosos están los actores, Maggie Cheung y Tony Leung, conectando de forma casi mágica entre ellos y con los espectadores, capaces de expresarlo todo con un simple gesto, un movimiento o una mirada y sobre los que recae absolutamente todo el peso de una película que se basa más en insinuar que en mostrar.
La fotografía es deslumbrante, la banda sonora absolutamente maravillosa, siendo poco menos que es un personaje más de la película, y la riqueza del filme a través de los pequeños detalles, absolutamente inimaginable.
Ni una palabra más sobre la película, siempre se dijo que una imagen vale más que mil palabras, y aquí cada imagen, cada momento de la película valen su peso en oro. Cine con mayúsculas.
Los protagonistas, un periodista y la secretaria de una empresa de exportaciones, se mudan a un edificio de Hong Kong junto a sus respectivos cónyuges. Allí se conocen y, como sus respectivas parejas pasan mucho tiempo fuera, se hacen amigos y van compartiendo cada vez más tiempo juntos.
Alguien definió esta película como "la historia de amor más triste del mundo", pero lo que WKW nos muestra es una historia tanto de amor como de desamor, y lo hace con sensibilidad, exquisitez, inteligencia y sobre todo gran belleza, que hacen esta película única y maravillosa. Maravillosos están los actores, Maggie Cheung y Tony Leung, conectando de forma casi mágica entre ellos y con los espectadores, capaces de expresarlo todo con un simple gesto, un movimiento o una mirada y sobre los que recae absolutamente todo el peso de una película que se basa más en insinuar que en mostrar.
La fotografía es deslumbrante, la banda sonora absolutamente maravillosa, siendo poco menos que es un personaje más de la película, y la riqueza del filme a través de los pequeños detalles, absolutamente inimaginable.
Ni una palabra más sobre la película, siempre se dijo que una imagen vale más que mil palabras, y aquí cada imagen, cada momento de la película valen su peso en oro. Cine con mayúsculas.

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