martes, 3 de febrero de 2009

Dolls (2002)



Probablemente nos encontramos aquí ante la gran obra maestra del polifacético Takeshi Kitano, hoy por hoy la punta de lanza del cine nipón ante el mundo . Aquí se limita a dirigir, dejando de lado su vena actoral y nos ofrece una película que rompe completamente con el cine violento con el que tantas veces se le ha identificado, desmarcándose de trabajos como "Boiling point", "Violent cop", "Sonatine" o la excelente "Hana-bi" y acercándose más a cintas como "A scene at the sea" o "El verano de Kikujiro".

La película, inspirada en el tradicional teatro Bunraku o teatro de marionetas, consta de tres historias diferentes de amor y tragedia. La primera sobre dos enamorados cuya relación se tambalea por la presión de sus familias. La segunda, sobre un anciano jefe de la yakuza que recuerda al amor al que tuvo que abandonar en busca del éxito en la vida. La tercera, sobre una famosa cantante marcada por un accidente que ha desfigurado su rostro.

Lo que presenciamos es esencialmente una película bellísima, tanto en el fondo como en la forma. Las historias, de extraordinario lirismo, emotivas y profundas, están narradas con exquisita sensibilidad y con la maestría que solo tienen los más grandes. Enmarcadas en una fotografía impresionante y acompañadas de una banda sonora maravillosa -por cierto, de Joe Hisaishi-, estamos ante un auténtico poema visual, duro y desgarrador, casi hipnótico por momentos, y que toca temas tan trascendentales como el amor, el desamor, la soledad, la locura, la felicidad...

Obra maestra, minimalista y llena de simbolismo, imprescindible para valorar la obra de Kitano en toda su magnitud, probablemente su trabajo más redondo aunque no el más valorado. Triste pero mágica, absolutamente necesaria.

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