
De vuelta al cine occidental, si buscamos un director diferente, arriesgado y alejado de películas puramente comerciales, ese es Darren Aronofsky. Con solo tres películas (la cuarta, "The Wrestler", a punto de estrenarse y ya ganadora del León de Oro) ha mostrado un cine rompedor, creativo y complejo, puro cine independiente.
Pi, su ópera prima, trata sobre un matemático obsesionado con sus investigaciones en busca de un patrón numérico que le permita predecir la evolución de la bolsa de valores. Antes de averiarse el potente ordenador con el que trabaja, se revela una extraña secuencia de números, a priori un error del sistema, pero que más tarde parece ser algo mucho más importante. Es entonces cuando hacen su aparición un grupo financiero y un grupo de judíos estudiosos de la cábala, muy interesados en sus estudios y más concretamente en la secuencia numérica.
Película compleja, difícil pero también muy interesante, que marca diferencias ya desde la fotografía -en blanco y negro- y la banda sonora -potente música electrónica, muy adecuada para la película-. Importancia capital la del personaje principal, obsesivo, paranoico, aislado del mundo y muy cercano a la esquizofrenia, uno de esos papeles por los que cualquier actor importante mataría por interpretar. Y un final sin contemplaciones.
Una película para ver atento, concentrado en cada detalle, pues es una película cargada de simbolismos. Y no basta con ver sólo ésta, su primera película, para comprender el genio creativo de Aronofsky, se hace imprescindible ver sus dos obras siguientes, "Réquiem por un sueño" y "La fuente de la vida", otras dos cintas con las que el cine cobra otra dimensión.
Pi, su ópera prima, trata sobre un matemático obsesionado con sus investigaciones en busca de un patrón numérico que le permita predecir la evolución de la bolsa de valores. Antes de averiarse el potente ordenador con el que trabaja, se revela una extraña secuencia de números, a priori un error del sistema, pero que más tarde parece ser algo mucho más importante. Es entonces cuando hacen su aparición un grupo financiero y un grupo de judíos estudiosos de la cábala, muy interesados en sus estudios y más concretamente en la secuencia numérica.
Película compleja, difícil pero también muy interesante, que marca diferencias ya desde la fotografía -en blanco y negro- y la banda sonora -potente música electrónica, muy adecuada para la película-. Importancia capital la del personaje principal, obsesivo, paranoico, aislado del mundo y muy cercano a la esquizofrenia, uno de esos papeles por los que cualquier actor importante mataría por interpretar. Y un final sin contemplaciones.
Una película para ver atento, concentrado en cada detalle, pues es una película cargada de simbolismos. Y no basta con ver sólo ésta, su primera película, para comprender el genio creativo de Aronofsky, se hace imprescindible ver sus dos obras siguientes, "Réquiem por un sueño" y "La fuente de la vida", otras dos cintas con las que el cine cobra otra dimensión.
















